... mientras bajo tierra, las serpientes necrófagas se retorcían luchando, encendían soles solitarios, longevos y gélidos de pasado solemne, la piedra insolente de la sangre se volvió irrompible, impenetrable, solo flores comieron las lombrices, solo flores regadas de lágrimas saladas y plaquetas... RothK.O.







domingo

Fantasía en si menor para voces mentales

Hay una ventana

o una semi ventana

con un vidrio de menos

tras ese vacío, una cortina gastada

y el fantasma de un cuerpo

se mueve lento y suave

con el ritmo sinuoso

de la danza cortinaje

acompañada por el viento frío que se cuela

como una mañana más

Hay una escalera

que lleva un poco más arriba

otro estado en la sangre que baña el recuerdo

y aunque nunca he subido a tal lugar

sé que lo conozco

porque conozco todas las escaleras

que suben y bajan,

desde y hacia el infierno

porque al cielo, según dicen

se llega con un par de alas pegadas a la espalda

o que le crecen a uno en la columna si se porta bien

o con luces y nubes que elevan-lo a uno desde el cielo

Detrás de la escala

nace un pasillo

un pasillo semi-eterno

que cruje tanto como crujirían mis huesos

en caso de llegar a viejo

aunque bien conocida es la duda

que se pone sobre tal posible cosa.

Por ese pasillo he caminado

tantas veces como juré

no volver a hacerlo

he caminado tantas otras

que he olvidado su forma, y sus colores

y es que de tanto verlo

lo he borrado

La sala principal es pequeña

un poco anticuada para mi gusto

antecede al único dormitorio de este piso

y en esa sala se ha posado

cada parte de mi cuerpo

esperando que la espalda de aquella

rasque la picazón que según creo

debe provocar le brassier

y a cada rincón de la sala

ha llegado la música funesta

de cada mano, brazo o pecho

rascando tan en vano.

El llegar a la recámara

me fue siempre difícil

es un camino

más largo aún que el pasillo largo

sin que importe mucho

cuantos pasos haya que dar

aunque casi nunca fueron realmente pasos

más bien una especie de arrastrarse verticalmente

apoyado en alguna mujer cuyo nombre no recuerdo

no recordé y no quisiera recordar.

Sin embargo ahí está la cama

en donde tantas veces quise que viniera a refugiarse

de la vida o del frío, o lo que quisiera

a refugiarse entre mis brazos

y yo entre sus piernas

y las sábanas estarían felices

y danzarían, por decirlo como poeta en rebaja

más que el cuerpo de su fantasma,

ahí está la cínica cama

que es todas las camas frías y gastadas

como cortinas en cualquier mañana.

Frente a la cama mi escopeta

afirmada por un par de clavos

en el muro de adobe estoico

al lado derecho

de mi único póster de izquierda

he ahí la metralla

que todas las mañanas

me pide besos de boca

mientras ese otro cuerpo baila

junto a la cortina detrás de la casi ventana

pero mi boca solo existe para preguntar un nombre

si es que se pudiera

o tuviera alguna pequeña oportunidad

de también besar su cuello

si es que me acercara siquiera a olerlo

y después de saber su nombre

decir su nombre, repetir su nombre

tantas veces que mis labios puedan hacerlo mientras duermo

o por si en una de esas se entramparan con otra boca.

Mis pensamientos, dice la metralla, escopeta, pistola esa

me asesinan de a poco y ella en cambio

tiene la velocidad del pecado,

pero la verdad, ellos solo sirven para intentar recordar

el recorrido donde alguna vez la vi,

mirando por una ventana plástica semitransparente

rayada por una moneda o llave

u otro elemento no cortante pero sí metálico

haciendo una G y una B

o una U

o una U y una C

o un ERRRRE con AA

la verdad no lo recuerdo bien

pero sí su cabello

y sobre todo su mano izquierda

con la que acomodaba un audífono en su oreja oculta

la veía mientras lentamente parpadeaba

evitando mi mirada mal vestida.

Mi escopeta insiste

en usar mis manos y la tome por la cintura

pero cuando dice cintura

yo imagino la de ella

y en su cintura estas manos

y que solo sirven para alzar las suyas

sobre todo la izquierda que tanto recuerdo,

correr de la mano, tomados, bebidos

ebrios o un tanto borrachos, pero unidos

entrelazados de las manos, retorcidos,

para llegar a la casa y...

pasar por el lado de una cortina que baila sin fantasma

pero con una brisa que se cuela fría cada día,

ahorrarse el siquiera mirar las escaleras,

atravesar el pasillo largo e invisible,

saltarnos la sala principal

aunque no sin antes limpiar los rincones

o llenar los rincones con su voz,

que seguramente es dulce

no como mis blasfemos ronquidos,

también rescatar mis brazos y piernas

de todos los sectores de la sala y seguir

y pasar por la cama

saltar quizás en esa cama

desordenarla sin dudas

o cualquier tipo de eufemismo

relacionado con encamarse,

para luego y por sobre todo

salir al patio

correr al patio

destaparle los ojos como una sorpresa

y que vea la tumba,

la lápida con su descripción perfecta,

mano izquierda incluida,

y que abra el féretro de manera muy lenta y dramática

para que finalmente vea el lugar

donde yacen mis últimas esperanzas de poder asesinarla

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