Hay una ventana
o una semi ventana
con un vidrio de menos
tras ese vacío, una cortina gastada
y el fantasma de un cuerpo
se mueve lento y suave
con el ritmo sinuoso
de la danza cortinaje
acompañada por el viento frío que se cuela
como una mañana más
Hay una escalera
que lleva un poco más arriba
otro estado en la sangre que baña el recuerdo
y aunque nunca he subido a tal lugar
sé que lo conozco
porque conozco todas las escaleras
que suben y bajan,
desde y hacia el infierno
porque al cielo, según dicen
se llega con un par de alas pegadas a la espalda
o que le crecen a uno en la columna si se porta bien
o con luces y nubes que elevan-lo a uno desde el cielo
Detrás de la escala
nace un pasillo
un pasillo semi-eterno
que cruje tanto como crujirían mis huesos
en caso de llegar a viejo
aunque bien conocida es la duda
que se pone sobre tal posible cosa.
Por ese pasillo he caminado
tantas veces como juré
no volver a hacerlo
he caminado tantas otras
que he olvidado su forma, y sus colores
y es que de tanto verlo
lo he borrado
La sala principal es pequeña
un poco anticuada para mi gusto
antecede al único dormitorio de este piso
y en esa sala se ha posado
cada parte de mi cuerpo
esperando que la espalda de aquella
rasque la picazón que según creo
debe provocar le brassier
y a cada rincón de la sala
ha llegado la música funesta
de cada mano, brazo o pecho
rascando tan en vano.
El llegar a la recámara
me fue siempre difícil
es un camino
más largo aún que el pasillo largo
sin que importe mucho
cuantos pasos haya que dar
aunque casi nunca fueron realmente pasos
más bien una especie de arrastrarse verticalmente
apoyado en alguna mujer cuyo nombre no recuerdo
no recordé y no quisiera recordar.
Sin embargo ahí está la cama
en donde tantas veces quise que viniera a refugiarse
de la vida o del frío, o lo que quisiera
a refugiarse entre mis brazos
y yo entre sus piernas
y las sábanas estarían felices
y danzarían, por decirlo como poeta en rebaja
más que el cuerpo de su fantasma,
ahí está la cínica cama
que es todas las camas frías y gastadas
como cortinas en cualquier mañana.
Frente a la cama mi escopeta
afirmada por un par de clavos
en el muro de adobe estoico
al lado derecho
de mi único póster de izquierda
he ahí la metralla
que todas las mañanas
me pide besos de boca
mientras ese otro cuerpo baila
junto a la cortina detrás de la casi ventana
pero mi boca solo existe para preguntar un nombre
si es que se pudiera
o tuviera alguna pequeña oportunidad
de también besar su cuello
si es que me acercara siquiera a olerlo
y después de saber su nombre
decir su nombre, repetir su nombre
tantas veces que mis labios puedan hacerlo mientras duermo
o por si en una de esas se entramparan con otra boca.
Mis pensamientos, dice la metralla, escopeta, pistola esa
me asesinan de a poco y ella en cambio
tiene la velocidad del pecado,
pero la verdad, ellos solo sirven para intentar recordar
el recorrido donde alguna vez la vi,
mirando por una ventana plástica semitransparente
rayada por una moneda o llave
u otro elemento no cortante pero sí metálico
haciendo una G y una B
o una U
o una U y una C
o un ERRRRE con AA
la verdad no lo recuerdo bien
pero sí su cabello
y sobre todo su mano izquierda
con la que acomodaba un audífono en su oreja oculta
la veía mientras lentamente parpadeaba
evitando mi mirada mal vestida.
Mi escopeta insiste
en usar mis manos y la tome por la cintura
pero cuando dice cintura
yo imagino la de ella
y en su cintura estas manos
y que solo sirven para alzar las suyas
sobre todo la izquierda que tanto recuerdo,
correr de la mano, tomados, bebidos
ebrios o un tanto borrachos, pero unidos
entrelazados de las manos, retorcidos,
para llegar a la casa y...
pasar por el lado de una cortina que baila sin fantasma
pero con una brisa que se cuela fría cada día,
ahorrarse el siquiera mirar las escaleras,
atravesar el pasillo largo e invisible,
saltarnos la sala principal
aunque no sin antes limpiar los rincones
o llenar los rincones con su voz,
que seguramente es dulce
no como mis blasfemos ronquidos,
también rescatar mis brazos y piernas
de todos los sectores de la sala y seguir
y pasar por la cama
saltar quizás en esa cama
desordenarla sin dudas
o cualquier tipo de eufemismo
relacionado con encamarse,
para luego y por sobre todo
salir al patio
correr al patio
destaparle los ojos como una sorpresa
y que vea la tumba,
la lápida con su descripción perfecta,
mano izquierda incluida,
y que abra el féretro de manera muy lenta y dramática
para que finalmente vea el lugar
donde yacen mis últimas esperanzas de poder asesinarla
No hay comentarios:
Publicar un comentario