jueves
elegía egolatría
Insisto en que se equivocan
No porque sólo yo tenga la razón
No porque me apunten
Diciéndome egocéntrico
Se equivocan al usar la palabra
Egocéntrico
No porque yo lo diga
Ni porque a mi me la digan
Se equivocan
Al ponerla entre las malas palabras
Han heredado de la religión
La culpa de quererse a sí mismos
Insisto en lo contrario
Hay que quererse para que otro
Llegue siquiera a importar
Insisto por otro lado
Que para llegar siquiera
A decirle a otro, egocéntrico
Situar el cuerpo de ese otro
O la mente si se quiere,
En pleno medio de la mira
Hay que ser lo bastante
Ego-céntrico
lo digo yo...
martes
viernes
Siete balas, un sicario y un ladrón
Siete balas mueven más lápidas
que un terremoto hambriento
siete balas por cabeza,
por chaqueta,
siete horcas,
siete dosis
siete mares en el patio trasero
siete esperas en el purgatorio
y para cada uno de los días
cada una de las balas
Las llamas abrazan el frío
pero son preferibles
como una caricia carcelera
como piedras creando bosques
cambiando el curso de las aguas
arrojando todo al mar,
todo al abismo
todo al olvido
porque entregarlo
todo al recuerdo
es suturar con púas las pendientes de la piel
e inventar cordilleras en la frente
para dibujar en ella
el abismo circular
de una tortura infinita.
Hay un asesino tras la cortina,
tras la ventana y tras los ojos
esperando en silencio,
hay una mano acariciando vestidos de tul
forzando las armas lentamente
como una gota de sudor atravesando los poros
hay pupilas hinchadas, buscando la perfección nocturna,
expandidas como un mundo inocente
como un chivo al sacrificio
y para ello
los muertos pintan los ojos de un negro rojizo
y de castaño las uñas que comen los sueños
para ello en cada parpadeo
está el acero y su peso
humeando la espesura de una posibilidad
Hay un ladrón tras la puerta
tras la cerradura y en cada cuerpo
y día a día guarda en sus bolsillos
balas, horcas y pastillas, evitando una tragedia
de esas que nadie se explica
pero bien es sabido que cualquier día
todo ladrón puede fallar.
lunes
Reducciones
He visto pasar una sombra
con toda la libertad en su cabello
y su boca llena de revolución,
he visto la esperanza
regar su sendero,
un camino perdido de flores rojas y cortadas
de sangre amarilla y lumínica
que espera renacer de entre los muertos
las batallas del olvido...
Porque ahora justo ahora
todo es reducción
wallmapu a territorio, cordillera y
terremoto,
hielo filoso y bosque entre las piedras
ríos densos como cicatrices
una mácula en el agua de punta a punta,
un desierto abierto y sangrante
reducido a una moneda,
un vuelo truncado se traduce en la extinción
todos los años acumulados en la corteza
los brazos que reconstruyen
el espacio público y púbico
la historia y la geografía
tu cuerpo y mi cuerpo
reducidos
a la belleza absurda de las pieles torcidas
las raíces echadas al pantano
como cables en la acera
como un espacio intocable que crece
en un imaginario recortado
porque todo se reduce
y todo les pertenece.
De nada sirve condenar el hecho
sin avergonzar el gesto,
de todo lo que han arrancado
al mapuche, al chileno
al latinoamericano
almas de vuelo insostenible
políticos y prisioneros
éter cautivo y metal
la luz profeta y melódica
la espalda partida por el salitre
huelguistas y cánticos
la carne y el agua
la piel rasgada en las púas
el humo desprendido de los muros
una lija reseca lentamente acariciando los ojos
sobre la herencia y los espejos
el recuerdo y las maldiciones
la rabia,
y todo el poder popular
reducido a panfletos.
domingo
Lucerna entre las piedras
En la oscuridad mortífera
De cuchillos rasgando labios
Me he encontrado,
Añorando mordiscos
O algo parecido a un cuerpo vivo
Al recorrido de manos
En la arpillera sedosa de los poros
O encontrar un árbol al medio de un lago
Sobre una roca seca y niebla
Que flota en su interior vacío y lumínico
O un cajón repleto de recuerdos
Que se olvidan entre ellos
Es arrojarse a la protección de un niño
Chocar con labios transparentes
O mutilar manos perfectas
Envolver en metal púrpura y humeante
La silueta de la carne
O resoplidos silentes
O párpados clausurados
En pestañas eternas
Hojas que caen lentamente
En una cascada tormentosa
O pesadillas que duermen
Entre cenizas y púas
Pero el árbol está seco en esa piedra
donde el lago se ha vuelto espuma
y mi pecho es sólo un colgajo
o un desfiladero dentado
por donde verter la sangre