Una mancha de vino en el mantel
es un recuerdo inminente
Un pasado escrito con sangre seca
En fibras de hiedras muertas
Un huracán nunca olvida el camino
Es una tela torciéndose hasta secar
Una danza derruida y macabra
De agua que retoma su forma
Abrir las pieles y cubrirse
De unos cuantos cadáveres humeantes
No es comparable al olvido ajeno
Es sorprendente como pone el tiempo
A cada cual en su lugar.
O cada estría en cada esfuerzo
O más blanca la grasa y negra la carne.
El purgatorio un silencio en la batalla
Un lugar donde ver eternamente muertos vivos
Como un cabezazo constante y circular
Donde mundos paralelos se destruyen
Con esa primera caricia
Y donde yo destruyo el humo
Mirando un féretro con mi nombre
Destruyo la tarde y la madrugada
Mientras cierro otra puerta en el horizonte
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