No creo que los muertos tengan paz
Ni en la verdad que reside en los ojos
En los trajes que visten los esqueletos de la infamia
No creo en los versos, cánticos ni críticos
En lo cercano de la piel
Ni la lejanía del deseo
La esperanza se ha vuelto dogma
El desengaño, una batalla
Las miradas estrellas extintas
Las manos abiertas solo dejan caer
Y en nada de ello creo
Ni un abrazo simbólico
Ni brazos partidos del sacrificio
Ni un orgasmo inaugural
Ni unos labios entreabiertos
No creo en la confianza absoluta de arrojarse a otro pecho
O a un cuerpo inerme
No creo en el sexo como una excusa para fumar
En las mañanas, ocasos o lunas llenas
No creo que la unión haga la fuerza
O que tus lágrimas sean mi sangre
O mi futuro tu desvelo
O en cualquier desvelo
O en un velorio, o en un bautizo
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