... mientras bajo tierra, las serpientes necrófagas se retorcían luchando, encendían soles solitarios, longevos y gélidos de pasado solemne, la piedra insolente de la sangre se volvió irrompible, impenetrable, solo flores comieron las lombrices, solo flores regadas de lágrimas saladas y plaquetas... RothK.O.







jueves

III.

En horas de desespero

Te he entregado

Mis esperanzas de tierra partida

A la espera cobardía

De ver caer una gota

De rocío, o una lágrima

O un hilo de sangre

Y que recorra esta garganta

Agujereada de escupitajos y polvo

Agujeros que espero sirvan

Para que cada una de tus pupilas

Mire y sienta

La sequedad de este cuerpo

IV.

Dime hombre tú que has hecho

Si entendiste lo que era cierto

Si supiste lo que fue ser niño

Si tus padres entendieron

Lo que debieran saber tus hijos

Dime hombre si aquello que importa

Dejaste recorrer tus huesos

O si un cuerpo dormitando

Dejaste a merced de cuervos

Que han quitado

De cada uno de tus dedos

Todo por lo que has luchado


Dime hombre

Si tus manos no maldicen entre ellas

No han rasgado piel suficiente

No has transformado acaso

En féretros vivientes

Las ciudades

Y la vida que era vida

Y la muerte que tanto temiste

Se han vuelto meros recuerdos

O simplemente malas compañías


Dime hombre en que piensas

Hacia donde es que llevas el paso

Y el peso, y los pasos

Los fantasmas te van bebiendo

Y tu alma se ausenta

Y ese envase pendenciero

Ya no tiene más sentido

Con sus ojos cerrados

Te mira el desencanto

Sirviendo tu corazón en una hoz

Y tu sangre hierve en candelabros

V.

En éste país eléctrico

El recuerdo se ha borrado

Las pieles cambian

Los pelos se tiñen desde afuera

Y es que la venta de su alma

Desintegra, muele y extermina.

En el país que he vivido

Desde cierto par de siglos

Mi sangre ha visto arder

Degollar, malherir y robar.

Pólvora, acero, cristales muertos

Son las flores de este sembradío

Pero insiste este país

Como el mar al desierto

Volverse un país de oro

En este mundo de bronce

Y yo jamás he renegado

Que la herencia que llevo dentro

Ha penetrado la tierra

Y malos pastos han nacido

Malas flores, mala yerba

El eterno retorno jamás se ha ido

Pero en mi país

Mujer

Ni sus hombres y mujeres

Ni tú hombre

Y por ello, tú niño

Han sentido tal desbaste

Una tragedia

El silencio rompe y zurce

Pero jamás regenera

Las respuestas han acallado

Y han mermado los sentidos

Dejemos nuestros cuerpos a lo putrefacto

Y que los gusanos reinen

Como siempre ha sido

Desde la llegada de mi sangre

A las sangres de los parias

Y a las sangres de los árboles

Y a las lágrimas tuyas

Que mi cuerpo no recorren

Mujer

Porque la porfía de mi raza

Es indolente, resiliente y cruel

Y por ello tus piernas

Han flaqueado cuando debían levantarte

Porque el final de tu cuerpo triangular

Que ha sido manchado y escrito

No ha abrazado lo imborrable

Y se ha quedado en las joyas

Con todos sus robados brillos

VI.

Tu continente

Mujer

Se ha dejado a los sablazos

Tus brazos ha torcido

Y hoy

Desde la sonrisa brillante

Al verde halo de tu vello

Desde el bosque de tu entrepierna

Que a otros mundos da respiro

De las flores que nacían en tu pecho

Y la música que revoloteaba

Tu cabello

Hasta tus hijos perdidos

A todo ha puesto precio

Este continente y tu gente

Mujer

Hoy caminan sin sentido

Han quebrado tus ciudades

Han quemado tus pueblos

Y es que tu espíritu alegre

Ha amado en demasía

Y así han dejado sobre tu cuerpo

Porquería y más mentiras

Hoy tus hijos

Mujer

Disfrazan a los suyos

Y te hieren como esta sangre

Hoy caminan como muertos sin sepulcro.

VII.

Donde sino en las luces plásticas

Han ido a dormir las esperanzas

Las heridas abiertas de tu piel abierta

Piedras y cemento en las zanjas

La herencia forzada de mi estirpe

Mujer

Ha traicionado cada poro de tu riqueza

Y esa riqueza han cambiado

Los hombres de tu pueblo alegre

Por maravillas del mundo enfermo

Al sol que reinaba le han puesto

Una corona de espinas

Al océano libre, redes de todos tipos

Y por las mañanas

Las aves van disfrazadas de María.

VIII.

El sol olvidado

Comenzó a retirarse

En los sueños las penas grises

Blasfeman contra tu nombre

Mujer

La interminable herencia de la sangre regada

Partió la tierra

Tu nombre

Tu cuerpo

Tu sexo

Tus ojos

Los colores han opacado,

Los dolores cambiaron

La magia por razón

Ilusiones por certeza

Y tu rostro multiforme

Mujer

Tus años venideros,

Por montañas de platería

Cemento, vidrio y acero.

IX.

Hoy como alguna noche

Entrego mis pesares

Y acompaño el dolor

Pero por sobre todo pregunto

Hombre

En que te has convertido

Mujer

Que tan profundas las heridas

Niño

No puedes acaso

Conservar la caja de cristal

Donde han de guardarse los sueños

Para hacerlos visibles

Pero prisioneros

Y es que en estos años del desvelo

Sangre y piedra acuñan

Bajo las almohadas

La dureza de las pieles

Y de humanos ya no hay rastro

Y entonces pregunto

De que han servido estos rasguños

Los fierros y el fuego

El plástico y el humo

De que sino otra cosa

Mujer

Que sangrar los oídos

Arder tus ojos de cristal

Y el molido de tu mirada molida

Poner bajo los ojos

Bajo la lengua

Entre dientes y piernas

Para morder y llorar rojo

Como el vestido

Que nadie ha querido que lleves

Pero a pesar de las estacas

Negras, grises y altas como el cielo

Tu vestido multicolor siempre ha sido rojo

Y en ese lago rojo

Nos bañamos un día

Mujer

Te juré como siempre

Que nunca jamás,

Pero la traición la llevo dentro

Por eso mis ojos guardan vidrio polvo

Y por eso mi boca

Por eso mis manos y mi sexo

Vidrio silicio

De flagelo penitente

Ese rojo de tu traje

Ese rojo de tu historia

De las venas abiertas

Que yace ahora invisible

Porque tus hijos e hijas

Son ahora esclavos

Pero hemos aquí los que se arrepienten

Te lloramos

Sangre

Con vidrio molido

Y hoy pregunto

Y no hay respuesta

Todos los oídos sordos

Y las manos torpes

Todos los genitales

Indolentes

Y las gargantas agrietadas

Porque perdimos el camino

O nunca lo encontramos

O nos lo han robado

Como a ti roban

Mujer

La alegría de tus puertos.

domingo

X.

Tus ojos han visto demasiado

Los azotes y gusanos

El brillo marchito de la hoja rapante

El llanto blanquecino de las madres truncadas

Y quisiera pedirte

Que de una vez despiertes

Que no tan profundo puede haberte dormido

Que no tan silentes las heridas rugen

Quisiera rendirme

Que destroces mi linaje

Que revuelvas tus mareas

Pero inerme te veo

Con tus uñas rotas

Pululantes aberturas de metal

Inerme como el primer niño de tus brazos

Arrojado de otros brazos

Arrojado al desprecio

Como esos niños de hoy

Mujer

Que a sus madres tu vientre

No perdona

Que a sus padres

Tus ojos no pueden ver

Dime si esos niños

No merecían la misma cuna

El mismo oro robado

Dime que no hubieras volcado

Toda la ira de tus fuegos

En acariciar su rostro ingrávido

El que ahora es odio

Dime si la lluvia

Cayó demasiado suave

Y tu piel no logró ahuyentar

Las malas leches de la ausencia

Quisiera levantarte

Mujer

Entender tu tristeza y tu rabia

Atender las heridas de tu espalda

La curvatura de la esperanza

Y silenciar las voces que hoy te acallan.

Vístete de sol

Canta como en los tiempos de otros tiempos

Quita ese lecho enfermo de tu espalda tostada

Esas agujas de tu vientre perfecto

Toma tus fuerzas y lucha

Guía en la tormenta de nuestros días

A tus hijos sin destino

Y en esta especie de vida sin vida

En el largo lamento del mundo

Mujer

Forja un nuevo camino.

sábado

Advenimiento del Bestiario

y si no fuera así..., y si el último aliento de la tierra no estuviera posado sobre el desperdicio de los hombres, entonces por fin podría verse el sol...

¿y si los hombres hubieran escuchado a los gnomos...?