Los surrealistas escaparon
Se hicieron humo verdoso y rosáceo
Lejos de donde nacieron
Lejos de donde los inadaptados debían adaptarse
Donde los niños crecían con sables de bolsillo
Los realistas adaptaron coronas amorfas
Tenían cabezas de carbón a la espera de cristales
Los realistas mataron
Los demás sobremurieron
Los indiferentes indiferenciaron
Los surrealistas tuvieron miedo
Crearon mundos oníricos
Irrealizaron sueños palpables
Ocultaron las palpitaciones de lo real
Algunos soñantes creyeron ser reales
los despiertos seguían temiendo
los sables crecían
los sueños se despedazaban
los surrealistas bebían
y se hacían reales.
Los surrealistas jamás conociéronse entre ellos
Escaparon, huyeron, crecieron y soñaron
Los sueños escapistas y crecientes
Los escapes fugaces y reales
Los sueños reales y fervientes
los bolsillos pendencieros.
Los reales, realistas y perfectos
Se hicieron cobardes
Sus sables, lacrimógenas y metrallas
Poco podían hacer
Contra un mundo ideal
En que la cuchilla no existe
Pero el tajo taja.
Los surrealistas escaparon
Porque ninguna verdad es tan fuerte
Porque ninguna mentira es resplandeciente
En los ojos de un somnífero
En el miedo callejero
De un surrealista convencido
Que el sueño profundo
Entrega más frutos
Que un cuchillo en alto
Los surrealistas están ahora muertos
Y sus cicatrices marcan veredas
Su sangre irreal denota líneas de grandeza
De una corona aún presente
Triunfante y galante
De un muerto de hambre
De un muerto de frío
De un resistente calambre
Un espasmo en la agonía
Los irrealistas seguimos aquí
Inverosímiles y tortuosos
Junto a los niños y sus sables
Esperando la llegada
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