Y vino la noche eterna
Me aclaraba la luz del susurro dormido
Mis ideas primitivas afloraron en invierno
Con las gotas sementeras de mi paradoja existencial.
Al ver tanta y tanta maliciosa ventolera
Me secuestraron lo escéptico
Me hice creyente de cada punto corrido quinceañero
Hoy no hay animal hiriente ausente a mi pupila firmamento.
Déjame con este lánguido silicio cautivar tus miedos
Mi risa se híper ventila en tu llanto anochecer
Cautiva mi silencio insolente
Mi lenguaje corpóreo
Mi estirpe gloriosa
La fecundidad de tu especie mejorada en mí
No ha de ser desdicha este encuentro
El azul de la herencia tiñe amaneceres eclesiásticos censurados
Esos gritos se los lleva la rabia parida
No me culpes que no soy monstruo
Solo cabizbajo y de alta sien
Hoy los muros muestran caminos irreconocibles
Y los has de caminar
Sin mi mano, sin mi sexo
Porque no es culpa mía tu desgracia
Solo te extraño al olvido
Cuando el agua ventisca se cuela en mi marrueco ruptor
Cuando mi espalda se acaricia por el anaranjado recuerdo de mi odio
No espero que me agradezcas
Yo sé lo que hago
No hay razón amor platónico
Yo sé perfecto tus aires
Que mi desdicha era tu querer
Y ahora que te dejo
Y ahora que vomito hijos muertos
No creas que me arrepiento
Sigo suplicando mi vuelta en tierra
Con todas tus carnes, cuerpos
Estaturas, gemidos y alaridos
Pero la culpa es del otro
Y así lo he decidido
Sutilmente
La culpa es no mía
El suplicio era pendiente
De la mortuoria escapada
De mi renaciente desvelo
De mi perteneciente agujero
Sesgado de alimañas transversales
Animales animadversos
Voraces tempestuosas
Y espíritu semi-errante.
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