cuando ya no hay raíces, la piel deshoja, se alejan las manos de la tierra adyacente, sus ojos y mis ojos se hacen cuevas, la sangre que era sangre y ya no es, se escribe, se pierde entre la tinta que rebosan los ojos y estas uñas que rascaban, cavan norias que respiran, y esos años perdidos se hacen sombras que iluminan.
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