Y se levantaron los mancos, los tuertos
Renacieron los cojos y enredaderas enlodadas
Los ojos rasgados, los parias
Zombies putrefactos y perros con distemper
Se levantaron de las fosas comunes
Los torturados, los inculpados.
Cada brazo del bestiario se armó de mil brazos
Con millones de piernas cada pierna.
El Gnomo Sapiens miró desde su púlpito desolado
Altar pordiosero y solitario
Tomó su cuerpo deshojado por el régimen No Sapiens
Pensó en las veces que el Hominis Dominus fue advertido
Ese reinado soberbio sobre la tierra,
De la venganza justa y plena ya naciente
Que acompañaba una leve sonrisa
E iluminaba suavemente la tozudez de su raza desechada.
Y el reino fatídico de los hombres pronunció:
“¡Gnomos oh gnomos bienaventurados!
Su palabra fue ruta y sendero luminoso
Mas no quisimos oír sílaba alguna.
Si hoy los gusanos hambrientos
Hacen desfiladeros como laberintos
Entre nuestras vísceras y pelo
Entre nuestra algarabía desconcertada
No ha de ser culpa vuestra,
Ni ha de ser consuelo entregar ahora,
En vuestras manos nuestras vírgenes,
Sin embargo aquí están,
Hiérvanlas en sus fuegos sagrados
Para bendecirlas y hacerlas dignas de devoción
Les necesitamos más que nunca,
Nuestro Dios nos ha abandonado.”
Los fieles del reino muerto se sacudieron el polvo cemento
Los cables multicolores que cubrían sus camas derruidas
Aparecieron sedientos y moribundos entre los edificios
El vidrio y acero los hería como nunca antes habían sentido
La piel gastada les colgaba como harapos,
Algunos habían mordido sus lenguas y ya no podían hablar.
Los que cargaban crucifijos y bandas del poder
Veían castigo divino, leían frases apocalípticas /
Mientras sus fieles morían,
Veían desde lo profundo de sus heridas
Al bestiario expiatorio naciendo
A los árboles erguirse, las rocas retomar su fuerza
La necrosea volverse mar
La venganza endemoniada de una tierra
Que se entregó abierta e inocente
A sus cuchillos sanguinarios.
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