... mientras bajo tierra, las serpientes necrófagas se retorcían luchando, encendían soles solitarios, longevos y gélidos de pasado solemne, la piedra insolente de la sangre se volvió irrompible, impenetrable, solo flores comieron las lombrices, solo flores regadas de lágrimas saladas y plaquetas... RothK.O.







sábado

vi

Y se levantaron los mancos, los tuertos

Renacieron los cojos y enredaderas enlodadas

Los ojos rasgados, los parias

Zombies putrefactos y perros con distemper

Se levantaron de las fosas comunes

Los torturados, los inculpados.

Cada brazo del bestiario se armó de mil brazos

Con millones de piernas cada pierna.

El Gnomo Sapiens miró desde su púlpito desolado

Altar pordiosero y solitario

Tomó su cuerpo deshojado por el régimen No Sapiens

Pensó en las veces que el Hominis Dominus fue advertido

Ese reinado soberbio sobre la tierra,

De la venganza justa y plena ya naciente

Que acompañaba una leve sonrisa

E iluminaba suavemente la tozudez de su raza desechada.

Y el reino fatídico de los hombres pronunció:

“¡Gnomos oh gnomos bienaventurados!

Su palabra fue ruta y sendero luminoso

Mas no quisimos oír sílaba alguna.

Si hoy los gusanos hambrientos

Hacen desfiladeros como laberintos

Entre nuestras vísceras y pelo

Entre nuestra algarabía desconcertada

No ha de ser culpa vuestra,

Ni ha de ser consuelo entregar ahora,

En vuestras manos nuestras vírgenes,

Sin embargo aquí están,

Hiérvanlas en sus fuegos sagrados

Para bendecirlas y hacerlas dignas de devoción

Les necesitamos más que nunca,

Nuestro Dios nos ha abandonado.”

Los fieles del reino muerto se sacudieron el polvo cemento

Los cables multicolores que cubrían sus camas derruidas

Aparecieron sedientos y moribundos entre los edificios

El vidrio y acero los hería como nunca antes habían sentido

La piel gastada les colgaba como harapos,

Algunos habían mordido sus lenguas y ya no podían hablar.

Los que cargaban crucifijos y bandas del poder

Veían castigo divino, leían frases apocalípticas /

Mientras sus fieles morían,

Veían desde lo profundo de sus heridas

Al bestiario expiatorio naciendo

A los árboles erguirse, las rocas retomar su fuerza

La necrosea volverse mar

La venganza endemoniada de una tierra

Que se entregó abierta e inocente

A sus cuchillos sanguinarios.

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