Hoy loros cuelgan de un alambre
Unos quince millones de un alambre de cobre
De un palacio de cobre y cañones de cobre
De circos pobres y panes de hambre
Otros millones de gorriones comen chauchas
Saborean al unísono promesas
Entregan en bandeja las bandejas
Donde se los han de comer las lauchas
Hay que afirmarse los ponchos
Para que los vientos del cambio no nos quiten todo
Hay que a la tierra ponerle ganchos
Amarrar las ideas a los botes pesqueros
Al horizonte que se aleja, instalarle luces de mañana
Desenvainar los alaridos de antaño
Hay que a estos años incendiar de azaleas
Poner los gritos en las ventanas
Que este sol no vea, que nos dejamos al desengaño
Hay que entristecerse por un segundo
Por esta noche de trasnoche
Por la oscuridad que clama el regreso
Por esta pena creciente
Por una neblina maleante y resistente
De tantos brillos y joyas que apagan arrabales
Hoy mi pena son dos soles
Tres mañanas más
Cuatro olvidos en el futuro
Hoy los sueños se reciclan
Se desmorona la estampa
Hoy se vuelve a cero
Hoy es tiempo del tiempo de mañana
La esperanza es la perdición del olvido
El fuego la desazón de la carnada
Cuando todo duerme en desgracia
Las hienas afilan sus estómagos
¡Ay de los que no estén despiertos!
De los que vean en este desierto una alborada
No hay que rendirse sin dar batalla
Pero sobre todo dejar de lamentarse
Cuando el segundo de la pena ha dejado su metralla
Para estos corazones debe haber mentes fuertes
Y una escopeta en cada brazo
Por si todo falla
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